- La jornada terminó con intervenciones en el casco céntrico, daños menores en mobiliario urbano y la Catedral de Antofagasta vandalizada, sin que hasta el cierre se informaran detenidos.
La conmemoración del Día Internacional de la Mujer en Antofagasta terminó ayer domingo con un balance que abrió preocupación en el centro de la ciudad. Tras el desarrollo de una nueva marcha por el 8M, se registraron desórdenes y rayados en distintos puntos del sector céntrico, entre ellos la fachada de la Catedral de Antofagasta, que apareció vandalizada luego del paso de algunos grupos por el lugar. Registros difundidos durante la jornada mostraron rayados sobre el frontis del templo, hecho que generó una rápida reacción en redes sociales y entre vecinos del sector.
La manifestación se desarrolló durante la tarde y recorrió diversas calles del centro de la capital regional, en una jornada que, al igual que en otras ciudades del país, formó parte de las actividades convocadas por el 8 de marzo. Sin embargo, en el caso de Antofagasta, el foco terminó desplazándose desde la movilización hacia los daños observados al cierre de la marcha, particularmente por la afectación a un inmueble emblemático del casco histórico y por intervenciones menores en el mobiliario urbano.
De acuerdo con los antecedentes difundidos públicamente, la secuencia de los hechos se habría concentrado tras el avance de la manifestación por el centro, momento en que comenzaron a advertirse rayados en fachadas y espacios públicos. Entre los puntos más visibles quedó la Catedral de Antofagasta, cuya imagen intervenida se transformó en uno de los principales símbolos de la controversia posterior. La exposición del caso en plataformas digitales amplificó la discusión y abrió cuestionamientos sobre los límites entre la protesta y el daño al espacio público.
Hasta el término de esta edición no se habían reportado personas detenidas por estos hechos en las fuentes públicas revisadas. Esa ausencia de aprehendidos también alimentó el debate ciudadano en una jornada donde la reacción no se concentró solo en el sentido político de la marcha, sino también en las consecuencias materiales que dejó en el centro de la comuna.
El episodio vuelve a instalar un tema sensible para Antofagasta: la protección del patrimonio urbano y de los espacios de uso común en contextos de movilización. La afectación a la catedral no pasó inadvertida, precisamente por tratarse de un punto de referencia del centro y de alta visibilidad para peatones, comerciantes y transeúntes. Más allá de la dimensión policial, lo ocurrido tocó una fibra pública evidente, al involucrar un inmueble reconocido por la comunidad y emplazado en uno de los sectores más concurridos de la ciudad.
La jornada del 8M, que en el resto del país convocó marchas y actividades bajo consignas feministas y de reivindicación social, dejó así en Antofagasta una postal dividida entre la expresión ciudadana y los daños posteriores. Esa tensión es la que ahora cruza la discusión local, mientras en redes sociales y entre vecinos se multiplican las reacciones por los rayados y el deterioro observado en pleno centro.
Con el paso de las horas, la atención quedó puesta no solo en lo ocurrido durante la marcha, sino en la respuesta que puedan adoptar las autoridades frente a los daños. Por ahora, el saldo público es claro: una movilización que terminó con desórdenes, una catedral vandalizada y una nueva discusión abierta sobre cómo resguardar el espacio urbano cuando una manifestación deriva en hechos que traspasan la protesta y golpean directamente el patrimonio común.