- Con la metodología actualizada, la pobreza por ingresos se estimó en 17,3% para 2024 y la multidimensional en 17,7%, ambas con tendencia descendente al recalcular años previos bajo el mismo criterio. El ajuste nació en 2023 con la convocatoria a una comisión experta, se nutrió del trabajo de campo levantado entre noviembre de 2024 y febrero de 2025, y se consolidó en 2025 con un informe final y revisión técnica que reordenó el mapa social del país.
El anuncio de la Casen 2024 llegó con una advertencia que, en política social, equivale a cambiar de balanza antes de pesar: no sólo se entregaron resultados, también se estrenó una forma distinta de mirarlos. El Ministerio de Desarrollo Social y Familia presentó las cifras de la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional con una metodología “más exigente y actualizada”, impulsada por el Gobierno del Presidente Gabriel Boric, con la promesa de que el indicador refleje mejor el Chile de hoy, sus estándares de consumo, su estructura de gastos y sus nuevas vulnerabilidades.
A primera vista, los números parecen hablar un idioma conocido: la pobreza disminuye. Sin embargo, el relato oficial insiste en un matiz que cambia la lectura: la caída ocurre aun cuando el listón se elevó. En otras palabras, se está midiendo con reglas más estrictas que las usadas en mediciones anteriores, y pese a ello la tendencia va hacia abajo.
Para entender el alcance del cambio conviene mirar la cronología reciente, porque Casen 2024 no es sólo una fotografía del año 2024: es el resultado de una conversación técnica y política que atravesó 2023, se aterrizó en terreno durante 2024, se cerró institucionalmente en 2025 y hoy reconfigura el debate público.
2023: el año en que la cifra dejó de bastar
Si 2024 fue el año del dato, 2023 fue el año del cuestionamiento. La base del debate venía de la Casen 2022, que bajo la metodología anterior situó la pobreza por ingresos en 6,5% de la población, un nivel históricamente bajo que generó lecturas cruzadas: desde quienes lo vieron como señal de avances sostenidos, hasta quienes consideraron que el indicador se estaba quedando corto para describir precariedades visibles en barrios, campamentos y mercados laborales frágiles.
En diciembre de 2023, el Ejecutivo dio el paso que terminaría reordenando el tablero: convocó una Comisión Asesora Presidencial para actualizar la medición de la pobreza. El objetivo declarado era revisar y modernizar las metodologías, de modo que el umbral de bienestar mínimo se alineara con el nuevo estándar de vida y con cambios sociales acumulados en la última década.
Ese movimiento de 2023 es clave para la comparación que hoy se impone. Porque, hasta entonces, buena parte de la discusión pública se concentraba en “cuánto” bajaba o subía la pobreza. Desde ese punto, la conversación pasó a preguntarse “qué” se está midiendo y “cómo” se construye la línea que separa pobreza de no pobreza. Esa diferencia —aparentemente técnica— termina definiendo prioridades de política social, asignación de recursos y lectura del desempeño económico.
2024: la encuesta se levanta en terreno, mientras la metodología se rediseña
Casen 2024 se levantó en un país que ya estaba discutiendo su propio termómetro. El trabajo de campo se realizó entre el 1 de noviembre de 2024 y el 2 de febrero de 2025, a cargo del Centro de Microdatos de la Universidad de Chile, tras licitación pública. En ese período se completaron entrevistas en 78.654 hogares (77.618 viviendas) en 335 comunas de las 16 regiones, con información de 218.367 personas y una tasa de logro de 104,0% sobre la muestra objetivo.
Esta ficha técnica importa por una razón: la comparación con 2023 no se juega en un cambio de percepción, sino en un rediseño institucional que se apoya en un operativo estadístico masivo. El país no está discutiendo pobreza sobre intuiciones; está reordenando la medición con una encuesta que mantiene representatividad nacional, urbana y rural, y habilita estimaciones regionales.
En paralelo a ese despliegue, el estándar se actualizó en dos grandes planos: pobreza por ingresos y pobreza multidimensional. La pregunta que se instala es qué ocurre cuando se usan “reglas nuevas” para medir años anteriores: si al recalcular hacia atrás también baja, entonces la tendencia no depende de trucos de cálculo, sino que se sostiene en el tiempo con el mismo patrón.
La cifra central: pobreza por ingresos en 2024 bajo estándar más exigente
Con la metodología renovada, la pobreza por ingresos se ubicó en 17,3% en 2024, lo que representa 3,2 puntos porcentuales menos. La presentación oficial recalca que, al aplicar este mismo criterio a años anteriores para construir una serie comparable, la trayectoria también desciende: 22,5% en 2017, 28,3% en 2020 y 20,5% en 2022.
Este tramo de la comparación permite un ejercicio útil para el lector: en 2023 no hubo una Casen intermedia, pero el país vivió el debate entre una cifra baja (la de 2022 con método antiguo) y la sospecha de que el umbral no estaba capturando carencias contemporáneas. La Casen 2024, con regla nueva, responde a ese cuestionamiento sin negar la tendencia: sube el estándar, pero la serie retrocalculada igualmente baja.
El propio Ministerio incluyó un dato de “referencia” que, en la práctica, traduce la discusión para quienes están acostumbrados al indicador clásico: si se hubiese mantenido la metodología anterior, la pobreza por ingresos en 2024 habría sido 4,9%, por debajo del 6,5% registrado en 2022, del 10,7% en 2020 y del 8,5% en 2017.
En esta comparación se condensa el nudo del debate 2023-2025: no es que Chile “se empobreciera” al cambiar la regla; es que al elevar el umbral se visibilizan carencias que antes quedaban fuera del recorte estadístico, mientras la dirección general puede seguir mostrando descensos si se evalúa con un patrón consistente.
Pobreza extrema: el piso más duro también cae
En pobreza extrema, la nueva metodología sitúa la tasa en 6,9% para 2024. Aplicada hacia atrás con el mismo criterio, también muestra caída: 9,2% en 2017, 14,3% en 2020 y 8,5% en 2022.
Aquí aparece una diferencia conceptual relevante frente al Chile de 2023. Con el método previo, la pobreza extrema de 2022 se presentaba como muy baja; con el método actualizado, la lectura cambia porque el estándar mínimo incorpora definiciones distintas de necesidades y gastos. Lo que se compara, entonces, no es sólo “cantidad de personas” sino qué se considera indispensable para no caer bajo el umbral.
¿Qué cambió en el cálculo? El corazón del rediseño
El ajuste no es cosmético. En pobreza por ingresos, el Ministerio informó tres cambios clave. Primero, se eliminó el alquiler imputado dentro del cálculo de ingresos. Segundo, se aplicaron líneas diferenciadas para hogares arrendatarios y no arrendatarios. Tercero, se incorporó una canasta básica de alimentos saludable que reduce en 50% la presencia de productos ultraprocesados. Además, se utilizó la IX Encuesta de Presupuestos Familiares (2021-2022) como base para definir las nuevas líneas de pobreza.
Este punto explica por qué 2025 es parte de la historia. La metodología no se redactó en una oficina aislada: se elaboró a partir de recomendaciones de la Comisión Asesora Presidencial, cuyo informe final se entregó en julio de 2025, y fue revisada por una Mesa Técnica integrada por la Subsecretaría de Evaluación Social, el INE, CEPAL y PNUD.
La comparación 2023-2025, vista desde este ángulo, muestra un tránsito desde la discusión pública a la arquitectura institucional: 2023 instala el mandato y convoca expertos; 2024 produce datos frescos con trabajo de campo; 2025 fija recomendaciones y valida ajustes con organismos nacionales e internacionales, buscando consistencia y credibilidad.
Pobreza multidimensional: el país que el ingreso no alcanza a describir
La Casen no se queda en el bolsillo. La pobreza multidimensional, medida con la metodología actualizada, alcanza 17,7% de la población en 2024. Al compararla con 2022 bajo el mismo estándar, la tasa habría sido 20%, manteniendo una senda descendente.
La actualización aquí también es profunda: se mantuvieron cinco dimensiones, pero los indicadores aumentaron de 15 a 20 con igual ponderación, y el umbral de carencias se fijó en 25%, siguiendo recomendaciones técnicas. Se incorporaron dos indicadores vinculados a cuidados: uno en Salud, relativo al apoyo recibido para cuidar a personas con dependencia funcional, y otro en Trabajo, para identificar a quienes no trabajan, ni buscan empleo ni estudian debido a tareas de cuidado. Se añadió un indicador asociado al aprendizaje en Educación y otro sobre conectividad digital en Redes y Cohesión Social. Además, el conjunto de indicadores se volvió más exigente.
Este es uno de los puntos donde la comparación con 2023 toma sentido narrativo. Ese año, en plena discusión sobre si la pobreza “real” estaba siendo capturada, temas como cuidados y conectividad ya aparecían como tensiones sociales visibles, aunque no siempre entraban en la caja de herramientas del indicador oficial. La metodología 2024 los incorpora formalmente, elevando el estándar para que la política pública responda a cómo viven hoy las familias, según planteó la subsecretaria Paula Poblete.
Pobreza severa: cuando las dos pobrezas se superponen
La nueva medición define “pobreza severa” como hogares que enfrentan simultáneamente pobreza por ingresos y pobreza multidimensional. Bajo esta definición, la cifra también baja: de 7,8% en 2022 a 6,1% en 2024.
Este indicador tiene una lectura política y social distinta. No habla de una sola carencia, sino de una doble fragilidad: falta de recursos monetarios y acumulación de déficits en salud, educación, vivienda, redes, trabajo o cuidados. La tendencia descendente es, por tanto, una señal relevante, aunque el volumen sigue siendo alto si se compara con la pobreza medida con el método antiguo.
Desigualdad de ingresos: la curva que acompaña el debate
El Ministerio también reportó que, al considerar ingreso monetario (ingresos autónomos más transferencias monetarias del Estado), el coeficiente de Gini alcanza 0,46, reflejando una disminución en relación con 2017.
En el debate 2023-2025, esta cifra funciona como telón de fondo: no basta con discutir cuántos están bajo el umbral; también importa cómo se distribuye el ingreso, qué tan lejos queda el centro respecto de los extremos, y cuánto influye el rol de transferencias estatales en el resultado final.
2025: informe final, revisión técnica y el cierre del rediseño
En julio de 2025, la Comisión Asesora Presidencial entregó su informe final. En el repositorio oficial se registra la fecha de publicación del documento y su síntesis el 3 de julio de 2025.
Esa etapa consolidó recomendaciones que, en simple, apuntaban a una medición que no confundiera mejora metodológica con deterioro social. La síntesis oficial recuerda que la comisión se constituyó en diciembre de 2023 con el mandato de revisar pobreza por ingresos, ajustar multidimensional y proponer mejoras al instrumento.
Así, la comparación con 2025 no se mide en una “pobreza de 2025” (que no está reportada como tal), sino en el peso institucional del cambio: 2025 es el año en que el estándar queda respaldado por un informe final y por una mesa técnica con INE, CEPAL y PNUD, lo que busca blindar el resultado frente a sospechas de manipulación y asegurar continuidad en el tiempo.
La disputa de fondo: medir mejor para decidir mejor
El Gobierno plantea que “hoy Chile es menos pobre que hace cuatro años” y que cerca de 600 mil personas dejaron atrás esa condición incluso bajo un estándar más alto, argumentando que el crecimiento sólo tiene sentido cuando se traduce en bienestar.
Más allá de la frase, lo sustantivo del giro Casen 2024 es que obliga a sostener dos ideas a la vez, sin que una anule la otra. Por un lado, la pobreza puede disminuir en el tiempo, y los datos retrocalculados muestran una trayectoria descendente en ingresos, multidimensional y severa con un criterio homogéneo. Por otro, al elevar el umbral, la magnitud del problema aparece mayor que la que entregaba la metodología antigua, lo que reordena prioridades, presupuesto y diseño de políticas.
Lo que cambia en la conversación pública
Comparar 2023, 2024 y 2025 permite ver una transición que suele pasar desapercibida en el ruido político. En 2023, la cifra heredada de Casen 2022 dominaba titulares y era usada como prueba de éxito o como evidencia de desconexión con la calle. En 2024, mientras se levantaban datos en terreno, el país ya estaba discutiendo la legitimidad del indicador y la necesidad de sumar dimensiones invisibles para el ingreso. En 2025, el proceso se formaliza: informe final, revisión técnica y una ruta metodológica que, al menos en el papel, intenta dejar menos espacio a interpretaciones interesadas.
Lo que queda abierto es el desafío mayor: transformar medición en acción. Un indicador más estricto no sirve si no orienta programas, evalúa impacto y detecta grupos que quedan atrás. La propia ficha técnica subraya que el objetivo de la actualización es contar con información precisa, consistente y pertinente para diseñar, monitorear y evaluar políticas públicas.
Casen 2024, entonces, no es solamente una cifra que baja. Es un cambio de regla que altera el modo en que el país se mira. En la comparación 2023-2025, el hilo conductor no es un número aislado: es el intento de ajustar el termómetro a una realidad social más compleja, con cuidados, conectividad y nuevos patrones de gasto, sin perder la capacidad de comparar en el tiempo y de rendir cuentas con evidencia