Justicia francesa condena a cadena perpetua a Nicolás Zepeda por el crimen de Narumi Kurosaki

  • El Tribunal Criminal del Ródano, en Lyon, declaró culpable al chileno por el asesinato premeditado de su expareja japonesa, desaparecida en Francia en diciembre de 2016.

La justicia francesa cerró este jueves un nuevo capítulo de uno de los casos criminales más impactantes de la última década, al declarar culpable al chileno Nicolás Zepeda por el asesinato de su expareja japonesa Narumi Kurosaki y condenarlo a cadena perpetua, en el marco del tercer juicio seguido en su contra en Francia. La resolución fue comunicada por el juez Eric Chalbos junto al jurado del Tribunal Criminal del Ródano, en Lyon.

El crimen se remonta a diciembre de 2016, cuando Narumi Kurosaki, entonces estudiante japonesa de 21 años, desapareció en Besanzón, en el este de Francia. Desde entonces, su cuerpo nunca ha sido encontrado, pero la investigación judicial sostuvo durante años que su muerte estaba acreditada y que Zepeda era responsable de un asesinato premeditado.

La decisión judicial conocida este 26 de marzo de 2026 marca un giro decisivo en un proceso que ya había tenido dos condenas previas de 28 años de cárcel, en 2022 y 2023, ambas posteriormente cuestionadas en instancias superiores hasta desembocar en este tercer juicio. Este nuevo proceso comenzó el 17 de marzo de 2026 en Lyon, luego de que la Corte de Casación francesa ordenara repetir el juicio por observaciones de carácter procedimental.

Durante este nuevo juicio, la fiscalía francesa había solicitado 30 años de prisión para Zepeda, al sostener que existían antecedentes suficientes para acreditar el homicidio con premeditación de Narumi Kurosaki. Sin embargo, el tribunal resolvió finalmente imponer la pena máxima de cadena perpetua, endureciendo de manera significativa las sanciones dictadas en procesos anteriores.

Tras escuchar el veredicto, distintos medios reportaron una escena de profundo impacto emocional en la sala. Zepeda cerró los ojos, se recogió sobre su asiento y se llevó el rostro entre las manos, en una reacción que reflejó la gravedad del fallo. Al mismo tiempo, la madre de Narumi, Taeko Kurosaki, volvió a quebrarse al escuchar la decisión del tribunal y abrazó el retrato de su hija, en una de las imágenes más conmovedoras de la jornada judicial.

El caso Narumi remeció a Francia, Japón y Chile no sólo por su dimensión internacional, sino también por la complejidad probatoria de un crimen sin hallazgo del cuerpo. A lo largo de la investigación, la acusación reunió registros de cámaras de seguridad, movimientos bancarios y testimonios que apuntaron a la presencia de Zepeda en los últimos momentos en que se vio con vida a la joven japonesa.

La sentencia conocida este jueves vuelve a instalar el caso en el centro de la atención pública, no sólo por la dureza de la pena, sino porque la justicia francesa consideró acreditado el asesinato pese a la ausencia del cuerpo, una de las principales líneas de defensa que el imputado sostuvo durante años al insistir en su inocencia. Su defensa, de hecho, ya anticipó nuevas acciones judiciales para impugnar la condena.

Más allá del impacto estrictamente judicial, el fallo tiene una carga simbólica profunda. La justicia francesa no sólo emitió una nueva condena: esta vez elevó la sanción al máximo nivel posible, enviando una señal de severidad frente a un caso marcado por la persistencia de la familia de la víctima, la cooperación internacional y casi diez años de batalla judicial.

Desde una mirada editorial, el veredicto contra Nicolás Zepeda deja una señal clara: incluso en los casos más complejos, sin cuerpo y con años de litigio, la justicia puede construir convicción judicial cuando existen antecedentes sólidos y consistentes. El fallo no devuelve a Narumi Kurosaki ni borra el dolor de su familia, pero sí reafirma que la desaparición de una mujer no puede diluirse en el tiempo ni quedar atrapada en vacíos procesales. La cadena perpetua impuesta en Lyon cierra un ciclo judicial con una sentencia categórica y vuelve a recordar que, en crímenes de esta gravedad, la verdad puede tardar, pero no necesariamente desaparecer.

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