¿Cuál es la amenaza de aluvión más importante que ha tenido la ciudad de Antofagasta? La mayoría de los Antofagastinos recuerdan la gran tormenta de lluvia del 18 de junio de 1991 y lo que generó en la comuna varios aluviones que provocaron el fallecimiento de 91 personas y 19 personas desaparecidas. Ese recuerdo, es algo que no se quiere repetir. Para ello nos preguntamos cuáles son las medidas que se han tomado al respecto, luego de 33 años de esa tragedia.

Conversamos con Francisca Roldán Marambio, Geóloga, investigadora del Centro de Investigación Para la Gestión Integrada del Riesgo de Desastres CIGIDEN y candidata a doctora del Programa de Doctorado en Ciencias Mención Geología de la Universidad Católica del Norte.
¿Cuáles son los principales factores involucrados actualmente en el desarrollo de aluviones en la ciudad de Antofagasta?
Son varios factores los que pueden influir, sin embargo se destacan alguno de ellos. En primer lugar, están los factores geológicos y geomorfológicos que prevalecen desde antes que existiera la ciudad de Antofagasta. Hablamos de la Cordillera de la Costa, donde su configuración geomorfológica, unidades geológicas expuestas y depósitos (sedimentos -tierra) preexistentes en el lecho de quebradas y cauces, la hacen totalmente susceptible a este tipo de fenómenos naturales. Debemos que entender que la existencia de cuencas (hoyas hidrográficas o zonas de captación de aguas lluvias donde a través de cauces y sus tributarios se canaliza el flujo hacia un mismo sector de desembocadura) en plena cordillera ya es un indicador natural de eventos aluvionales repetitivos anteriores. Esto es importante, sobre todo considerando que Antofagasta cuenta con más de 50 cuencas (entre macro, sub y microcuencas), sumado a que existen remociones en masa de laderas de laderas que incrementan aún más el riesgo de impacto en un corto periodo de tiempo.
Por otro lado, se debe considerar las características propias de cada una de las cuencas que dan una variabilidad en la respuesta hidrológica de estas y por lo tanto el tiempo de evacuación ante un eventual flujo (aluvión), el cual puede variar significativamente desde una cuenca o quebrada a otra. Finalmente se destaca que las zonas urbanas de Antofagasta se ubican en plena zona de descarga (desembocadura) de estas cuencas, estando altamente expuesta a este tipo de fenómenos, cuya estructura urbana presenta una evidente incompatibilidad y falta de adaptación para enfrentar este tipo de amenazas.
Si bien estos son algunos de los factores que influyen en el desarrollo de esta amenaza, se debe destacar la existencia de más de 11 obras de mitigación aluvionales, lo cual es tremendamente positivo para la ciudad. Sin embargo, dado el incremento urbano descontrolado de asentamientos formales e informales en el piedemonte, actualmente el número de estas obras ya no cubre la extensión urbana actual, dejando un alto número de viviendas, totalmente expuestas a este tipo de fenómenos. Además una falta de mantenimiento de estas, disminuye altamente su poder de retención de este fenómenos aluvial.
En resumen, los factores que actualmente podrían incidir en el desarrollo de un desastre son la falta de planificación urbana y ordenamiento territorial ante la amenaza aluvial, descontrol de asentamientos en el piedemonte, mejoras y actualizaciones frecuentes de los Planes Reguladores Comunales, falta de preparación a la comunidad, falta de actualización en mapas de impacto e investigaciones aplicadas incorporadas en la toma de decisiones de entidades públicas y falta de alertas de alerta temprana aluvionales que analicen y detecten factores físicos de las cuencas, aumento de inversión en investigación, falta de mantenimientos de obras de mitigación, falta de comunicación efectiva entre el sector público y comunidad científica incrementan un avance efectivo en aumentar la resiliencia y preparación de Antofagasta ante este tipo de amenazas.
¿Cuáles fueron los factores involucrados en el desastre socionatural de junio de 1991?
Una prueba de la alta susceptibilidad de esta ciudad al desarrollo e impacto por este tipo de fenómenos es el evento aluvional de la noche del 18 de junio de 1991, el cual repercutió en la muerte de 91 personas y 19 desaparecidos con daños económicos estimados en US $80.000.000. Uno de los factores que influyó en el desarrollo de este gran desastre fue el factor geológico (mencionado anteriormente), siendo una ciudad altamente susceptible a este tipo de fenómenos y al mismo tiempo, el factor meteorológico de dicho evento en particular. Específicamente en el sector de cerro Moreno, los pluviómetros de la DMC registraron 14.1 mm totales acumulados de lluvia, mientras que en los jardines del sur se registraron 60 mm de lluvia acumulada por lo que la lluvia fue heterogénea en la extensión de la ciudad con un efecto orogénico en la intensidad de la lluvia. Además, se registraron lluvias antecedentes (lluvias previas) que aumentaron la sobresaturación del suelo antes del 18 de junio (17 de junio específicamente) disminuyendo el tiempo de evacuación de la comunidad.
Por otro lado, en dicho momento no existían obras de mitigación en la ciudad y tampoco sistema de alertas meteorológicas, sumado a que la gente y entidades públicas no estaban preparados para enfrentar este tipo de fenómenos provocando una falta de una evacuación y respuesta efectiva de parte de la comunidad y autoridades a cargo, algo que persiste hasta el día de hoy. Finalmente se suma una falta de visibilidad en la población, ya que el evento fue desarrollado en altas horas de la noche.
Las quebradas que se destacan por su grado de activación fueron (de norte a sur): quebrada Escuela, Del Carmen (Salvador Allende), La Cadena, El Ancla, Riquelme, Baquedano, El Toro, La Negra y Jardines del Sur. Sin embargo, hay varias quebradas del sector norte que no fueron registradas por su baja cantidad de urbanización para ese entonces, como por ejemplo la cuenca La Chimba, cuyos estudios llevados a cabo por la investigadora, dan cuenta de su alta poder para generar este tipo de fenómenos, cuya comunidad está actualmente expuesta al impacto por este tipo de fenómenos si ocurren eventos meteorológicos de similares características.
El poder destructivo de estas quebradas se vio incrementado por la alta acumulación de basura y zonas de extracción de áridos, los cuales aportaron indudablemente material incrementando así la velocidad, volumen y poder destructivo. Además, en la quebrada Baquedano se produjeron flujos torrenciales a causa de la rotura de matriz de agua produciendo a su vez una alta cantidad de fallecidos. Se suma que la mayoría de las viviendas cercanas al piedemonte eran de materialidad frágil por lo que no pudieron resistir el impacto de estos fenómenos.
Fue el evento aluvial más grande registrado en la historia de nuestro país: corte de luz impidiendo cualquier comunicación y visión adecuada para evacuación nocturna, rápida activación de quebradas (alrededor de 1 hora comenzada la lluvia intensa), carencia de planificación urbana y ordenamiento territorial acorde con las características hidromórficas de la ciudad falta de medidas de mitigación, prevención y preparación para la comunidad de parte de las entidades públicas y finalmente una falta de investigaciones aplicadas a este tipo de fenómenos fueron los causantes principales de este trágico suceso. Son varios de estos factores que lamentablemente persisten hasta la actualidad a pesar de las varias advertencias de parte de la comunidad científica.
¿Cuáles son las medidas de prevención y mitigación que se deberían implementar en Antofagasta para evitar aluviones como el de 1991?
Para disminuir el impacto por este tipo de amenazas se requiere en primer lugar que avancemos en el entendimiento de este fenómeno aluvial. Para eso, se requiere que se desarrollen e invierta en investigaciones aplicadas, que permitan obtener información básica a escala local para analizar correctamente este tipo de fenómenos: se requiere investigar las cuencas de forma individual permitiendo obtener el tiempo de respuesta (desarrollo de un aluvión) por quebradas, mejora en su caracterización, análisis de susceptibilidad, cálculos de umbrales de precipitación por cuenca unitaria, actualización de los mapas de impacto, es decir, qué tipo de fenómenos se va a desarrollar en las quebradas que tenemos, cómo se van a desarrollar y en cuánto se van a desarrollar en relación al tipo de lluvia. Por otro lado, también tenemos que avanzar a otro tipo de análisis, como es el análisis del “Riesgo aluvial”. Esto implica incluir además de estudiar los factores geológicos, geomorfológicos y de la amenaza en sí, la parte urbana y aspectos sociales, permitiendo un análisis integral del desarrollo y respuesta ante este tipo de fenómenos.
Se requiere que los resultados de dichas investigaciones sean recibidos por parte de las entidades públicas de emergencia, para que así puedan complementar la información que ellos levantan haciendo más efectivo el avance y preparación ante este tipo de fenómenos.
Finalmente se requiere que esta información sea traspasada a la comunidad, con actividades que involucren a la comunidad y una transferencia efectiva hacia ellos. Debemos aumentar urgentemente la educación aluvial a escala escolar y universitaria para así tener una comunidad preparada y aumentar los expertos en este tipo de fenómenos. Además, se requiere aumentar las obras de mitigación, con un trabajo efectivo de mantenimiento y control ya que en muchas de ellas encontramos viviendas en su interior, quemas e incluso material domiciliario (basura) que disminuyen la capacidad de retención aluvial.
En cuanto a estructura urbana, se requiere una actualización de los Planes Reguladores Comunales que incluyan información científica de relevancia y que al mismo tiempo sean frecuentemente actualizadas y no cada 10 o 20 años. Por otro lado, se requiere urgentemente un control de la migración y control de los asentamientos formales e informales en el piedemonte y a la vez un control en las zonas de extracción de áridos y limpieza de las quebradas, entre otros.
Esto implica cambios profundos y radicales en las políticas públicas, los cuales como se puede apreciar son urgente y necesarios. Se requieren esfuerzos mancomunados entre las entidades públicas y comunidad científica donde podamos avanzar juntos de forma efectiva en transformar a Antofagasta en una ciudad preparada para enfrentar este tipo de amenazas y no repetir desastres socionaturales como el evento del 18 de junio de 1991.
¿Cuáles podrían ser las tecnologías o innovaciones que se podrían implementar?
Existen distintas herramientas que ayudan a prevenir y alertar a la población. Una de ellas son las alertas meteorológicas con la que ya contamos. Sin embargo, persiste una falta de uso transversal de la misma, por lo que mucha gente no utiliza de forma periódica esta herramienta tan útil en algunos casos debido a que no es muy conocida y tampoco la gente no sabe en qué casos utilizarla y en qué otros casos no. Recordemos que Antofagasta es una zona hiperárida, por lo que la comunidad no suele estar en contacto o en frecuente uso de estas herramientas meteorológicas. Se debe considerar además que dicha herramienta, tiene un rango de error y por lo mismo es parte de la obligación de las autoridades enseñar a la comunidad cómo utilizarlas y qué resguardos deben tener.
Por otro lado, existen los sistemas de alerta temprana aluvial, los cuales, a través de herramientas tecnológicas de última vanguardia, miden y detectan distintos factores y patrones indicativos físicos de activación de quebradas “desarrollo de aluviones” (geológicos, geomorfológicos e hidrometeorológicos), pudiendo emitir una alerta certera y anticipada para una evacuación. A pesar de esto, actualmente no existe una implementación a nivel regional ni a nivel nacional, a diferencia de los sistemas de alerta temprana por tsunami. Si bien, actualmente existe un plan para instalar un sistema, este se enfoca en un sistema de sirenas, es decir alertas sonoras que serán activadas a través de la decisión de entidades públicas de emergencia pero que no medirán las características físicas de las cuencas a nivel individual y geológico. A pesar de que esto es algo positivo, se requiere avanzar hacia sistemas complejos e integrales que midan los factores aluviales principales de las cuencas y que no dependan de decisiones humanas externas. Además, como complemento, si se quiere una evacuación efectiva se requieren planes intensos de preparación a la comunidad, cuya falta de preparación persiste hasta el día de hoy.
Ahora bien, en cuanto al interés en realizar investigaciones, en Centro de investigación para la Gestión Integrada del Riesgo de Desastres CIGIDEN ha estado desarrollando diversas investigaciones en torno a amenazas, tales como estudios de susceptibilidad, impacto y riesgo aluvial. En cuanto a esto, Francisca Roldán lleva a cabo una interesante investigación doctoral, la cual se enfocará en aplicar tecnologías de Machine Learning para el desarrollo de mapas de susceptibilidad, entregando un salto tecnológico muy importante para el país. Por otro lado, otra interesante investigación se está llevando a cabo por investigadores de CIGIDEN en la Universidad Católica del Norte, siendo Francisca Roldán una de sus integrantes e Iván Salazar el director. Este proyecto consiste en desarrollar un sistema de alerta temprana para la ciudad de Antofagasta, el cual se encuentra en la fase de experimentación, enfocado en generar distintos escenarios de lluvia a escala de laboratorio. Tiene como objetivo diseñar un sistema de medición hidromórfica de las cuencas, dando como resultado patrones de activaciones de las cuencas – aluviones – siendo estos emitidos por un sistema automatizado que permita enviar una alerta hacia las autoridades y hacia la comunidad en un corto periodo de tiempo. Si bien es un proyecto fundamental para apoyar la toma de decisiones y hacer cambios en las medidas de prevención y enfrentamiento ante este tipo de amenazas, aún no hemos podido traspasar este conocimiento a las autoridades a pesar de que está en fase de desarrollo y a disposición.
Por otro lado, también se necesita apoyo de parte de las autoridades (Dirección General de Aguas del Ministerio de Obras Públicas) para llevar a cabo investigaciones. Un caso de estos son las estaciones pluviométricas. Se requiere una cantidad mayor de estas y sobre todo se requiere de la instalación de estaciones de pluviógrafos ya que miden la intensidad de las lluvias, dato que hasta la actualidad no existe. Si bien actualmente hay estaciones pluviométricas, falta una mayor densidad de ellas y sobre todo que se trabaje en conjunto con la comunidad científica para estimar donde sería necesaria nuevas instalaciones de estas.
Como se puede ver, si bien hay esfuerzos, estos deben ser mancomunados, para así avanzar juntos hacia un país más preparado para enfrentar este tipo de amenazas.