- El instituto emisor mantuvo la Tasa de Política Monetaria en 4,75% y prevé que la inflación total convergerá a 3% en el tercer trimestre de 2026; revisó al alza el rango de expansión del PIB 2025 a 2,25%-2,75% y mejoró las perspectivas de inversión y consumo.
El Banco Central de Chile publicó hoy jueves su Informe de Política Monetaria (IPoM) de septiembre de 2025 con un mensaje de doble filo: por un lado, la inflación total continúa cediendo en línea con lo previsto y las expectativas a dos años siguen ancladas en 3%; por otro, la inflación subyacente —impulsada por un mayor dinamismo del gasto interno, presiones salariales elevadas y un tipo de cambio más depreciado— se ubicó por sobre lo anticipado, lo que obliga a monitorear su trayectoria con particular atención. En este marco, el Consejo mantuvo la Tasa de Política Monetaria (TPM) en 4,75% y subrayó que, ante el riesgo de persistencia inflacionaria, requiere acumular más información antes de reanudar la convergencia de la tasa hacia niveles neutrales.
En actividad, el IPoM ratifica que la economía se ha comportado en línea con lo previsto y confirma la naturaleza transitoria de los factores que la impulsaron a inicios de año. Con todo, el instituto emisor observa un mejor desempeño de la demanda interna por el lado de la inversión y del consumo privado. En su escenario central, eleva levemente el rango de crecimiento para 2025 al desplazar su parte baja, a 2,25%-2,75%; para 2026 lo ajusta en 25 puntos base a 1,75%-2,75%, y mantiene 2027 en 1,5%-2,5%. La convergencia de la inflación total a 3% se proyecta para el tercer trimestre de 2026, oscilando en torno a esa meta en adelante.
El informe detalla un repunte de la Formación Bruta de Capital Fijo (FBCF) más vigoroso que en junio, apuntalado por grandes proyectos —con especial tracción en maquinaria y equipos—, condiciones financieras algo más favorables y una mejora en la confianza empresarial. El Banco Central ahora estima para la FBCF variaciones de 5,5% en 2025, 4,3% en 2026 y 3,1% en 2027 (frente a 3,7%; 3,6%; y 3,3% del IPoM de junio). En consumo, las proyecciones también suben: 2,7% en 2025, 2,3% en 2026 y 2,1% en 2027, en un contexto de masa salarial real al alza —aunque a menor ritmo—, baja creación de empleo y aceleración de remuneraciones, con mejora de la situación financiera de los hogares pese a un crédito de consumo aún débil.
En precios, el Banco Central confirma que la inflación total ha seguido disminuyendo, pero advierte que la subyacente “sin volátiles” superó lo previsto en meses recientes. Para fines de 2025 y la primera parte de 2026, el componente subyacente sería mayor al estimado en junio, reflejando un gasto privado más fuerte, salarios presionados y un TCR más depreciado. Aun así, el emisor prevé que durante 2026 la inflación anual irá convergiendo a 3%, en un entorno donde la brecha de actividad se va cerrando, el consumo retorna a su tendencia y la persistencia inflacionaria se comporta de acuerdo con patrones históricos.
En política monetaria, el Consejo reafirmó su enfoque dependiente de datos: evaluará próximos movimientos de la TPM sopesando su impacto sobre la convergencia inflacionaria a 3%. La mantención de la tasa en 4,75% —acordada por unanimidad en la última reunión— responde justamente a ese balance de riesgos, con especial énfasis en la persistencia subyacente y en el hecho de que las condiciones financieras, si bien continúan relativamente favorables, podrían revertirse abruptamente en un entorno global signado por focos de incertidumbre económica, institucional y geopolítica, y por un aumento de aranceles a nivel global cuyos efectos, hasta ahora, han sido acotados.
El documento también incorpora señales externas que matizan el panorama: las expectativas de mercado sobre una postura más expansiva de la Reserva Federal han contribuido a mejorar las condiciones financieras de corto plazo, aunque el Banco advierte que los riesgos globales —incluidos los asociados a tensiones bélicas y al giro proteccionista— continúan por encima de lo observado en la última década. En este marco, el instituto emisor mantiene su compromiso de conducir la política monetaria con flexibilidad para asegurar que la inflación proyectada se ubique en 3% en el horizonte de dos años.
En síntesis, el IPoM de septiembre dibuja un cuadro de actividad algo más dinámico en 2025 —con inversión y consumo por sobre lo previsto—, pero convive con un núcleo inflacionario más resistente que exige prudencia de política. La hoja de ruta del Banco Central combina gradualidad y vigilancia: consolidar la desinflación sin descuidar el impulso de la demanda interna, sostener la recuperación de la inversión y resguardar la credibilidad del ancla de 3% frente a un entorno externo que sigue siendo incierto.