- La tregua de dos semanas anunciada entre Washington y Teherán revirtió el clima de pánico financiero que dominó las últimas jornadas, derrumbó el precio del crudo y encendió una fuerte ola compradora en Asia, Europa y Wall Street.
El sorpresivo anuncio de un alto al fuego de dos semanas entre Estados Unidos e Irán provocó este miércoles una violenta reconfiguración de los mercados globales, en lo que ya aparece como uno de los giros geopolíticos y financieros más bruscos del año. La decisión fue comunicada por el presidente Donald Trump tras una mediación de Pakistán y quedó condicionada a la reapertura plena y segura del Estrecho de Ormuz, paso estratégico por donde circula cerca del 20% del suministro mundial de petróleo. En paralelo, Teherán confirmó que durante este período facilitará el tránsito por la zona, mientras ambas partes intentarán avanzar hacia un acuerdo más amplio en negociaciones previstas en Islamabad.
La reacción más inmediata se vio en el mercado energético. El petróleo, que había escalado con fuerza desde el inicio del conflicto el 28 de febrero, sufrió una de sus caídas más severas de los últimos años. Reuters informó que el Brent llegó a bajar 16% hasta los US$91,80 por barril y el WTI 18% hasta US$92,62, perforando ambos la barrera de los US$100. Otros reportes de la jornada situaron al Brent en torno a US$93-94 y al WTI cerca de US$94-95, todos en la misma dirección: un derrumbe que el mercado interpretó como alivio inmediato frente al riesgo de una interrupción prolongada en Ormuz.
Ese retroceso del crudo no fue leído como una señal de normalidad total, sino como una corrección de emergencia tras semanas de tensión extrema. Reuters advirtió que, pese al optimismo inicial, los mercados físicos del petróleo siguen bajo presión y que la tregua no elimina de inmediato los problemas de oferta ni la prima de riesgo geopolítico asociada a la zona. Incluso con el cese temporal de hostilidades, persisten dudas sobre la rapidez con que se normalizarán los flujos reales de energía y sobre la capacidad de las negociaciones para consolidar una salida permanente.
En las bolsas, en cambio, la lectura fue abiertamente eufórica. En Europa, el STOXX 600 avanzó 3,6%, en camino a su mejor jornada en un año; el DAX alemán subió 4,7% y el FTSE 100 británico ganó entre 2,5% y 2,9%, impulsados por el alivio energético y la menor percepción de riesgo. La subida fue especialmente intensa en sectores como viajes, industria, banca y tecnología, mientras las petroleras quedaron rezagadas justamente por la caída del crudo.
Asia tampoco quedó al margen del entusiasmo. Distintos reportes de mercado mostraron alzas superiores al 5% en plazas como Tokio y a un 7% en Corea del Sur, en una señal de que los inversionistas rápidamente desmontaron posiciones defensivas y volvieron a buscar activos de riesgo. La tregua, aunque transitoria, fue suficiente para descomprimir el miedo a una escalada mayor en Medio Oriente y para reinstalar la idea de que el golpe sobre la economía global podría ser menos profundo de lo previsto si el acuerdo se sostiene.
En Estados Unidos, Wall Street abrió también en terreno ampliamente positivo. Reuters reportó que el Dow Jones subía 393,7 puntos, equivalente a 0,85%, mientras el S&P 500 avanzaba 2,08% y el Nasdaq trepaba 3,65% en los primeros compases de la sesión. En otras palabras, el mercado estadounidense activó una clásica “relief rally”, impulsada por menores precios de la energía, menor tensión geopolítica y renovadas apuestas a que la Reserva Federal pueda contar con más espacio para recortar tasas si las presiones inflacionarias se moderan.
En el frente de los metales, el cobre repuntó con fuerza, beneficiado por la mejora del apetito por riesgo y por la idea de un menor deterioro de la actividad económica global. Aunque el dato puntual del cobre no aparece consolidado en un solo despacho de Reuters consultado, el tono general del mercado de materias primas fue de recuperación en los activos ligados al crecimiento, mientras Canadá reportó un alza de su principal índice bursátil apoyada precisamente por el avance de las mineras tras la tregua. Esa reacción da sustento a la expectativa de un mejor escenario para exportadores de metales como Chile.
El oro, sin embargo, entregó una señal más matizada. Lejos de caer con fuerza, como ocurre normalmente cuando mejora el ánimo global, el metal precioso subió hasta cerca de un máximo de tres semanas. Reuters indicó que el oro spot avanzó 2% hasta US$4.795,28 la onza, mientras los futuros en Estados Unidos subían 3% hasta US$4.822,70. Esto revela que, pese al alivio bursátil, una fracción relevante del mercado sigue dudando de la durabilidad del alto al fuego y mantiene coberturas frente a un eventual rebrote del conflicto.
Algo similar ocurrió con el dólar. Lejos de fortalecerse, la divisa estadounidense cedió terreno, reflejando que parte del flujo refugio comenzó a desarmarse. Barron’s reportó una caída de 1% del índice dólar, su mayor baja desde abril de 2025, en medio de menores rendimientos y mayor interés por activos no estadounidenses. Para economías importadoras de combustibles como Chile, esta combinación de petróleo a la baja y dólar más débil abre un respiro potencial sobre inflación, costos energéticos y tipo de cambio. Esa lectura cobra especial relevancia considerando que el martes, antes de la tregua, Reuters había advertido que Chile era uno de los mercados latinoamericanos más golpeados por el alza del crudo debido a su dependencia importadora.
El punto de fondo es que la tregua entre Washington y Teherán no solo alivió una amenaza militar inminente; también desinfló, al menos parcialmente, uno de los mayores focos de presión sobre la economía mundial: el riesgo de un shock energético prolongado. Si Ormuz vuelve a operar con mayor normalidad y las conversaciones en Pakistán prosperan, el mercado podría consolidar una trayectoria de menor volatilidad, con beneficios para el comercio, la inflación y las expectativas de tasas. Pero si el acuerdo fracasa, la corrección de hoy podría quedar como un simple paréntesis en medio de una crisis aún abierta.
Por ahora, la fotografía es clara: los mercados quisieron creer en la tregua. El petróleo se hundió, las bolsas se dispararon, el dólar retrocedió y el oro mantuvo su brillo como recordatorio de que la paz todavía no está asegurada. Para Chile, país sensible al precio internacional del crudo y estrechamente ligado al ciclo del cobre, el escenario externo amaneció mucho más favorable que en días anteriores. La verdadera prueba, sin embargo, no estará en la euforia de una sola jornada, sino en si estas dos semanas alcanzan para transformar una tregua táctica en una desescalada real.