Nuevo tablero aéreo en Sudamérica: Chile lidera, pero Perú y Argentina aceleran su modernización

  • Mientras la FACh mantiene la mayor flota de cazas de la región, el arribo de los primeros F-16 a Argentina este 6 de diciembre y la aprobación del financiamiento peruano para adquirir 24 aviones de combate reactivan el debate sobre capacidades, renovación y equilibrio estratégico.

Chile sigue ocupando un lugar de liderazgo en Sudamérica en materia de aviación de combate, con una flota de referencia regional sustentada principalmente en sus F-16. Sin embargo, el mapa aéreo comienza a moverse con señales concretas en países vecinos. La llegada este viernes 6 de diciembre de 2025 de los primeros seis F-16 a Argentina —como parte de un plan para completar 24 unidades adquiridas a Dinamarca— marcó un hito para la Fuerza Aérea Argentina y reinstaló la discusión sobre modernización militar en el Cono Sur.

Según la información oficial difundida por Estados Unidos, esta entrega corresponde al primer lote de una serie de cuatro, con seis aeronaves adicionales programadas para arribar cada diciembre hasta 2028, completando el total comprometido de 24 F-16.

La ceremonia de presentación y la visibilidad pública que tuvo el arribo subrayaron el valor político y estratégico que el gobierno argentino asigna a esta renovación, después de largos años de rezago en su capacidad de combate supersónica.

En paralelo, Perú también aceleró su hoja de ruta. El 4 de diciembre de 2025 se aprobó el segundo tramo del financiamiento en la Ley de Endeudamiento del Sector Público para el ejercicio fiscal 2026, destinado a completar la compra de un lote de 24 aviones caza para la Fuerza Aérea del Perú, dentro de un conjunto mayor de proyectos de modernización.

Aunque los detalles finales de plataforma, cronograma y configuración han sido parte de un debate técnico y político en Lima, el hecho clave es que el respaldo financiero ya se consolidó como señal de decisión estratégica en el corto plazo.

Este doble movimiento coloca a Chile frente a un escenario de liderazgo que ya no se define solo por lo que tiene hoy, sino por la velocidad de renovación de su entorno. Durante años, la brecha tecnológica y operativa de la FACh se mantuvo como una ventaja difícil de igualar en Sudamérica. Pero la llegada de F-16 a Argentina y el plan peruano de incorporación de nuevos cazas sugieren una tendencia regional hacia plataformas más modernas, con miras a recuperar capacidades de disuasión y soberanía aérea que habían quedado debilitadas en diversos países.

En ese contexto, diversos rankings internacionales han insistido en ubicar a Chile entre los países con mayor fortaleza de aviación de combate en la región. Informes basados en registros de flota señalan que Chile cuenta con un número de aviones de combate en torno a las 45 unidades dentro de su inventario activo, manteniéndose por encima de otros países sudamericanos en este tipo específico de aeronaves.

La cifra puede variar según la metodología y el tipo de aeronave considerada, pero la conclusión general no cambia: Chile ha sostenido, por años, una capacidad de combate aérea comparativamente superior.

El punto sensible es otro: la percepción de que el país podría “dormirse en los laureles” mientras sus vecinos avanzan. La modernización aérea no es un proceso instantáneo; requiere presupuestos de largo aliento, soporte industrial, entrenamiento, mantenimiento, armamento y una arquitectura de defensa sustentable. Chile posee experiencia acumulada en estos ámbitos y contratos de apoyo internacional asociados a su flota F-16, lo que le permite mantener niveles de operatividad y actualización relevantes.

Pero la discusión estratégica regional no ocurre en el vacío. En el norte grande, donde Tarapacá convive con realidades fronterizas complejas y donde la soberanía territorial y el control del espacio aéreo forman parte de un debate permanente, los anuncios de adquisición en países vecinos suelen observarse con particular atención. No se trata solo de cifras: se trata de señales políticas, de capacidades de respuesta ante crisis y de presencia efectiva en zonas sensibles.

El caso peruano, por ejemplo, no solo responde a una lógica de renovación de material envejecido, sino a una proyección institucional de volver a posicionar a su fuerza aérea en un estándar tecnológico competitivo. La aprobación del financiamiento para 24 cazas en diciembre de 2025 constituye un mensaje explícito de prioridad nacional.

En Argentina, el arribo del primer lote de F-16 este 6 de diciembre evidencia el inicio de una transición que, aunque gradual, implica una recuperación concreta de capacidades. Para Chile, el desafío no necesariamente pasa por una carrera de compras, sino por sostener una ruta de modernización inteligente y compatible con sus necesidades estratégicas reales. Mantener liderazgo puede significar tanto actualizar sistemas y soporte como reforzar entrenamiento conjunto, interoperabilidad y capacidades de vigilancia y control. Ese debate, inevitablemente, se cruza con prioridades presupuestarias internas y con una opinión pública que exige eficiencia, transparencia y pertinencia en el gasto estatal.

En síntesis, el escenario sudamericano de aviación de combate entra en una fase de reconfiguración. Chile continúa liderando en capacidad instalada, pero el arribo de los F-16 a Argentina y la decisión financiera de Perú para adquirir 24 cazas reactivan el tablero regional. La pregunta que queda abierta no es si Chile sigue arriba hoy, sino cómo proyecta su ventaja para los próximos años en una región donde la modernización militar vuelve a moverse, con fechas, contratos y aeronaves ya en ruta.

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