¿Cómo cuidar la piel durante el invierno?. El Dr. Fernando Valenzuela, dermatólogo de la Clínica Universidad de los Andes

  • Con las bajas temperaturas, disminuye el flujo de sangre y nutrientes en el cuerpo, por lo que hay que preocuparse de tener una buena hidratación.

En los meses de invierno, factores como las bajas temperaturas, la exposición a fuentes de calor y la contaminación ambiental o intradomiciliaria pueden afectar la piel, especialmente aquellas más sensibles, cuyos síntomas tienden a exacerbarse.

En el caso de la dermatitis atópica, los pacientes sufren mayor picazón, lo que produce más lesiones e irritación. También existen enfermedades del tejido conectivo, como la dermatomiositis y la esclerodermia, que se caracterizan por generar alteraciones en la circulación terminal de la piel y empeoran con el frío.

El Dr. Fernando Valenzuela, dermatólogo de la Clínica Universidad de los Andes, recomienda “proteger las pieles más sensibles con hidratación y, eventualmente, con cuidados dermatológicos personalizados”. Además, advierte que “nuestra piel se acostumbra al frío paulatinamente, por lo que hay que tener cuidado con los cambios bruscos de temperatura”.

El frío deshidrata la piel, ya que disminuye el flujo sanguíneo y, con ello, los nutrientes necesarios para las células de la piel. El cuerpo se enfoca en mantener la temperatura de órganos esenciales como el cerebro, los pulmones y el hígado. La falta de oxígeno y nutrientes puede hacer que las células de la piel fallen, provocando resequedad por falta de humectación natural.

“Uno tiende a pensar que el agua ayuda a hidratar la piel, pero lamentablemente suele deshidratarla. El agua en nuestro país contiene muchos minerales y, cuanto más tiempo nos bañamos, más minerales absorbemos y más se seca la piel”, asegura el Dr. Valenzuela. En caso de presentar sequedad, es recomendable usar cremas hidratantes sin muchos perfumes o componentes, para evitar irritaciones. Si no hay mejoría, es necesario consultar a un especialista.

No solo es importante evitar el frío, sino también las fuentes de calor extremo. Es recomendable ducharse corto y con agua no muy caliente para evitar quemaduras. También hay que tener precaución con los guateros, calientacamas o braceros, ya que pueden causar accidentes domésticos.

Además, es necesario protegerse contra la radiación ultravioleta B. Aunque es mayor durante el verano, en invierno también está presente, siendo la radiación tipo A la más frecuente, que atraviesa nubes y vidrios, causando daño. “Esta radiación es prácticamente la misma que hay en verano, por lo que es importante no descuidar las medidas de fotoprotección. La radiación UVA se asocia con daño crónico, afecta el ADN, provocando un mayor envejecimiento y posibles daños que podrían derivar en cáncer de piel”, concluye el dermatólogo.

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