#Opinión| Día de la prevención del suicidio. Por Sergio Durán Monares. Académico de enfermería Universidad Andrés Bello. #Antofagasta #Calama #Iquique #Arica.

La Organización Mundial de la Salud actualmente considera el suicidio como una problemática de salud pública de gran importancia y vigilancia. El suicidio como crisis no normativa es generador de grandes impactos a nivel individual, familiar y comunitario, cambiando la funcionalidad de las formas de vida y la percepción de esta.

Según los reportes de la OMS en cuanto al suicidio por año, existen aproximadamente 703.000 casos de individuos que se quitan la vida en todo el mundo y detrás de ellos destacan e impactan los numerosos intentos no concretados. Hoy en día, la pandemia por Covid-19 que se comenzó a vivir en nuestra sociedad con un fuerte impacto en el año 2020 vino a incrementar los factores estresantes en la población general, afectando a todos por igual en todo el curso de vida y generando una alerta del probable aumento de ideaciones de suicidios a nivel mundial y nacional.

Algunas recomendaciones establecidas en Chile por el Ministerio de la salud para detectar a personas con factores de riesgo suicida en la comunidad son: Personas que presenten trastornos mentales como depresión y trastorno bipolar sin adherencia a un tratamiento, pérdidas de cercanos o familiares, aislamientos, enfermedades o diagnósticos de salud graves, crisis familiares bruscas e intentos suicidios previos.

El suicidio con herramientas preventivas se puede predecir, intervenir y revertirse con el apoyo de profesionales de la salud, las comunidades y todas las áreas de acción del individuo (trabajo, colegios, universidades, políticas públicas y familias).

Para evitar a llegar a una ideación o un intento suicida se debe trabajar de mejor manera en la promoción de la salud de manera integral, viendo a las personas como seres únicos e irrepetibles. En personas con factores de riesgos se recomienda: nunca dejar sola y llevar a la persona a un centro de salud para evaluación profesional, tomar cuidados en el hogar evitando dejar elementos y objetos que pueda usar en su contra, generar espacios de escucha activa sin juicios de valor, evitar la crítica en ciertas circunstancias, siempre recordar el potencial de vida que tiene, buscar o mostrar opciones a los problemas que vaya presentando, permitir expresiones de sentimientos y emociones, hablar de manera calmada y con pausas, tener una conversación de mucha comprensión, escucha activa y entendimiento con la persona y siempre acompañar.

La fortaleza mayor para evitar el suicidio es trabajar a temprana edad la salud mental de las personas e incluso desde la vida intrauterina que finalizará con el desarrollo psicoemocional. De esta forma los estilos de vida saludable, el apego de los niños y niñas con sus padres, las herramientas de gestionar y expresar las emociones, el control de los factores estresantes, mantener redes de apoyos efectivos y llevar dentro de lo posible una vida en equilibrio son la herramienta vital para mantener en armonía el desarrollo biopsicosocial que las personas necesitan.

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