- Conocer en qué consiste, cómo se realiza y cuáles son sus implicancias que permite a las futuras madres tomar una decisión más informada.
La cesárea es una de las cirugías más practicadas en el mundo y, en particular, en Chile su frecuencia ha ido al alza en la última década. Si bien se trata de un procedimiento seguro cuando está correctamente indicado y ejecutado por equipos entrenados, el consenso clínico es claro: en la mayoría de los embarazos de bajo riesgo, la vía vaginal continúa siendo la primera opción, pues conlleva una recuperación más rápida y menos complicaciones asociadas para madre y recién nacido.
“La cesárea no debe considerarse como algo anormal, pero sí como una cirugía mayor que implica cuidados especiales y que solo en ciertos escenarios es la vía más segura”, explica la Dra. Javiera Yakcich, ginecoobstetra de Clínica Universidad de los Andes. “Por eso es fundamental que las pacientes estén informadas sobre cuándo corresponde realizarla y qué riesgos existen, tanto para la madre como para el recién nacido”.
De acuerdo con la especialista, existen indicaciones médicas absolutas en las que la cirugía resulta la alternativa recomendada. Una de ellas es la presentación podálica, cuando la guagua se ubica con los pies o los glúteos hacia abajo y no ha sido posible —o no es seguro— intentar una versión cefálica externa. También se recomienda cuando la madre registra dos cesáreas previas, por el mayor riesgo de complicaciones en el intento de parto vaginal, y en casos en que existe una contraindicación para pujar, como ocurre con ciertas enfermedades cardiovasculares o neurológicas. Adicionalmente, el peso fetal estimado excesivo —habitualmente sobre los 4,5 kilos— puede inclinar la balanza hacia la cesárea, así como la aparición de sufrimiento fetal u otra condición aguda durante el trabajo de parto que ponga en riesgo la salud del hijo.
Junto con aclarar los escenarios en que la cirugía es la vía más segura, la Dra. Yakcich despeja creencias persistentes que pueden confundir a las familias. “Hoy sabemos que hasta un 40% de los partos pueden presentar alguna circular de cordón y aun así resolverse de manera natural, siempre bajo monitoreo médico”, señala, subrayando que la sola presencia del cordón alrededor del cuello del bebé no obliga automáticamente a una cesárea.
Como toda intervención mayor, la cesárea implica riesgos que deben ser ponderados. Entre los más frecuentes, los equipos clínicos advierten la posibilidad de infecciones, un dolor postoperatorio más intenso y un periodo de recuperación más largo en comparación con el parto vaginal. “Una paciente con cesárea suele permanecer al menos tres días hospitalizada y puede tener molestias hasta por un mes. Además, debe cuidar especialmente la herida y evitar esfuerzos físicos en las primeras semanas”, precisa la ginecóloga. Ese cuidado incluye mantener la zona limpia y seca, vigilar signos de alarma como enrojecimiento, secreción con mal olor o fiebre, y respetar las indicaciones de analgesia y control.
Otro aspecto que suele generar dudas es la llamada cesárea por deseo materno. En estos casos, la motivación no responde a una indicación clínica inmediata, sino a una preferencia informada de la paciente. “Acá el rol del equipo de salud es informar sobre los pros y contras, pero la decisión final siempre debe ser respetada”, enfatiza la Dra. Yakcich. El acompañamiento profesional resulta clave para resolver temores, revisar antecedentes del embarazo, evaluar factores de riesgo y planificar el nacimiento de forma segura, cualquiera sea la vía elegida.
Para las futuras madres, contar con información clara y basada en evidencia es esencial al momento de decidir. Conversar con el equipo tratante sobre el plan de parto, conocer las señales que podrían llevar a cambiar de ruta hacia una cesárea intraparto y comprender las implicancias de la recuperación permite transitar el proceso con mayor tranquilidad. La evaluación individual —que considere edad materna, comorbilidades, evolución del embarazo, tamaño fetal y condiciones del trabajo de parto— sigue siendo el estándar para elegir la mejor alternativa.
“Cada embarazo es distinto. Nuestro objetivo no es ‘defender’ una vía de parto, sino asegurar el nacimiento más seguro posible para la madre y su hijo”, concluye la especialista. En ese sentido, la recomendación es anticipar dudas en los controles prenatales, construir un plan flexible y, llegado el momento, confiar en la pericia del equipo clínico para tomar decisiones oportunas y fundamentadas.
Finalmente, más allá de la vía de nacimiento, la preparación integral —desde educación prenatal y apoyo emocional hasta un adecuado manejo del dolor y lactancia— impacta positivamente en la experiencia del parto y el posparto. Informarse, preguntar y participar activamente del plan de atención son pasos concretos para vivir este hito de manera segura y consciente.