“Transición Injusta”: documental de Chao Carbón denuncia falsas soluciones en la descarbonización y deudas pendientes con territorios sacrificados

  • Estrenado en el Cine Arte Alameda (Sala CEINA), el filme “Sujetos de Desecho: Transición Injusta” contrapone las realidades de Huasco—donde siguen operando cinco termoeléctricas a carbón—y de Tocopilla—primera ciudad del país en cerrar todas sus centrales—para evidenciar impactos persistentes en salud, medioambiente y tejido social. Con dirección de Ladislao Palma y co-guion de Lucas Zañartu, la obra cuestiona reconversiones que prolongan la quema de carbón, la ausencia de remediación y la escasa participación comunitaria en las decisiones energéticas.

Con sala llena y un posterior conversatorio con comunidades, expertos e invitados de México, la coalición ciudadana Chao Carbón presentó en el Cine Arte Alameda (Sala CEINA) el documental “Sujetos de Desecho: Transición Injusta”. La pieza central, “Transición Injusta” (Chile, 35 min), escrita y dirigida por Ladislao Palma, con co-guion de Lucas Zañartu, propone un viaje inmersivo guiado por un avatar de inteligencia artificial que personifica a la energía para narrar, en primera persona, la desigual transición energética que vive Chile. El relato contrasta dos geografías emblemáticas: Huasco, en Atacama, donde continúan operando cinco termoeléctricas a carbón sin compromisos de cierre, y Tocopilla, en Antofagasta, que en 2024 concretó el apagado de sus seis unidades carboneras, pero arrastra pasivos ambientales sin remediación y altos índices de enfermedades.

El documental pone en el centro a las comunidades. En Huasco, la cinta recoge testimonios sobre décadas de emisiones de material particulado, dióxido de azufre y metales pesados, con correlatos en patologías respiratorias, cardiovasculares y cáncer. La controversia actual se concentra en la propuesta de Guacolda Energía de reconvertir sus unidades mediante co-combustión de carbón y amoníaco, tecnología piloto incluida por el Gobierno en el Plan de Descarbonización. La película la presenta como “falsa solución”: no elimina el carbón, mantiene contaminantes locales, incrementa óxidos de nitrógeno perjudiciales para la salud y encarece la generación por el alto costo del amoníaco, comprometiendo, además, el cumplimiento oportuno de metas climáticas.

“Pese al creciente ingreso de energías renovables y el cierre de 11 centrales termoeléctricas a carbón, la transición energética en Chile continúa reproduciendo afectaciones negativas sobre comunidades y territorios”, plantea en pantalla Sara Larraín, directora de la Fundación Chile Sustentable. “Las centrales están cerrando sin desmantelamiento ni remediación; las renovables se masifican sin ordenamiento, y las decisiones se toman sin incluir a las comunidades que padecen los impactos. Así es difícil hablar de transición verdaderamente justa”, agrega.

Desde Huasco, el académico e investigador Damir Galaz advierte sobre el déficit de reparación: “En esta relación asimétrica que se construye entre capital y Estado, finalmente queda una lista de buenos deseos, pero no implica instancias de reparación con la ciudad”. La obra subraya que, sin planes vinculantes de saneamiento ambiental y reparación social, la huella del carbón persiste más allá del cierre de chimeneas.

El contrapunto llega con Tocopilla, primera ciudad del país en apagar todas sus centrales a carbón—cuatro de ENGIE y dos de AES—tras más de tres décadas de operación. El filme reconoce el hito y, a la vez, problematiza la forma: el apagado se ejecutó sin un plan ambiental aprobado por la autoridad, por lo que no existen medidas de remediación ni limpieza de pasivos, manteniéndose impactos en suelos, borde costero y salud pública. La politóloga y especialista en políticas medioambientales, Pamela Poo, sintetiza la fragilidad institucional: “El plan no es un plan, sino que es un documento… algo que, al cambiar el gobierno, perfectamente se puede echar”.

“Transición Injusta” ensambla archivo, animación y recursos sonoros para revelar lo que define como “batalla ideológica” sobre el futuro energético. En esa tensión, el avatar-energía narra avances y contradicciones: la irrupción de renovables y, al mismo tiempo, la persistencia de prácticas que prolongan la dependencia de fósiles o trasladan externalidades a nuevos territorios sin ordenamiento ni participación efectiva.

La pieza no se limita a la denuncia. A través de las voces de dirigentes locales y especialistas, articula rutas para una transición con justicia ambiental: adelantar el cierre total de termoeléctricas antes de 2035—idealmente al 2030—con planes de desmantelamiento y remediación obligatorios; diseñar e implementar programas de reparación social en zonas afectadas como Tocopilla, Mejillones, Huasco, Quintero-Puchuncaví y Coronel; fortalecer la planificación territorial para evitar nuevos conflictos; fomentar proyectos de energía comunitaria y autoconsumo; asegurar participación incidente de las comunidades en la toma de decisiones; rechazar reconversiones que prolonguen la quema de carbón; implementar de forma efectiva la Estrategia Nacional de Transición Socioecológica Justa; impulsar renovables con tecnologías complementarias de flexibilidad; y revisar el impuesto verde para internalizar los costos reales de las emisiones.

Como complemento, la jornada exhibió el cortometraje “Algo Huele Mal” (México, 13 min), también dirigido por Ladislao Palma y realizado en colaboración entre la Coalición Chao Carbón (Chile) y la Alianza Golfo de California (México). La obra—estrenada simultáneamente en México—expone tensiones en el Golfo de California entre crecimiento turístico acelerado, gentrificación y la instalación de una nueva central a gas, con efectos sobre biodiversidad y comunidades; un espejo latinoamericano sobre la urgencia de transiciones energéticas con enfoque de derechos.

Tras las proyecciones, el conversatorio reunió a representantes de Huasco y Tocopilla, académicos y activistas ambientales, que coincidieron en un diagnóstico: Chile vive un momento definitorio. A juicio de los panelistas, el cierre de centrales debe ser inseparable de la remediación y la reparación; la expansión renovable, de la planificación y la participación; y la política energética, de la coherencia climática y sanitaria. Chao Carbón cerró el encuentro con un mensaje que atraviesa el documental: una transición justa no es solo cambiar tecnologías, es transformar relaciones de poder para que los territorios dejen de ser “sujetos de desecho” y pasen a ser protagonistas de su propio futuro energético.

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