Cadem: aprobación de Mara Sedini cae 18 puntos y queda como la ministra peor evaluada del gabinete

  • La encuesta también mostró un retroceso en la aprobación del Presidente José Antonio Kast, que cerró abril con un promedio mensual de 42%, mientras crece la incertidumbre sobre el rumbo del país.

La última encuesta Cadem dejó un nuevo golpe político para el Gobierno, luego de revelar una fuerte caída en la evaluación ciudadana de parte del gabinete y un retroceso sostenido en la aprobación del Presidente José Antonio Kast durante abril. El dato más duro lo protagoniza la ministra Mara Sedini, cuya aprobación descendió 18 puntos en apenas un mes, llegando a un 24%, lo que la instala como la secretaria de Estado peor evaluada del equipo ministerial.

El resultado refleja un deterioro significativo en la percepción pública sobre la gestión de algunos ministros, en medio de un escenario político marcado por debates presupuestarios, tensiones sectoriales y cuestionamientos a distintas áreas de la administración. En el caso de Sedini, la caída resulta especialmente sensible por la magnitud del retroceso y porque la ubica al fondo de la tabla de evaluación del gabinete.

Dentro de los cinco ministros peor evaluados también aparecen Jorge Quiroz, quien baja 5 puntos y llega a 39%; Judith Marín, que cae 10 puntos hasta 38%; Natalia Duco, que retrocede 13 puntos y alcanza 36%; y Trinidad Steinert, quien registra una baja de 17 puntos, quedando también en 36% de aprobación.

La medición evidencia que no se trata de un fenómeno aislado, sino de una señal de desgaste que afecta a distintas figuras del comité político y sectorial del Gobierno. Las caídas de dos dígitos en varias autoridades muestran que la ciudadanía está observando con mayor severidad el desempeño del gabinete, especialmente en áreas donde las expectativas eran altas al inicio de la administración.

En contraste, el ministro mejor evaluado es José García Ruminot, quien alcanza un 58% de aprobación, con un alza de 5 puntos. Le siguen May Chomali, con 56%, pese a una baja de 3 puntos; Iván Poduje, con 55%; Martín Arrau, con 52% y una caída de 1 punto; Francisco Pérez Mackenna, con 52% y una baja de 4 puntos; Claudio Alvarado, también con 52%, tras retroceder 3 puntos; Ximena Lincolao, con 52% y una baja de 2 puntos; y Louis de Grange, que alcanza el mismo 52%, con una caída de 1 punto.

La diferencia entre los ministros mejor y peor evaluados marca una brecha relevante al interior del gabinete, donde algunas figuras mantienen niveles de respaldo ciudadano relativamente estables, mientras otras enfrentan un escenario de mayor exposición pública y desgaste político. En ese contexto, el Gobierno deberá administrar no solo los efectos comunicacionales de la encuesta, sino también el impacto que estas cifras pueden tener en la agenda legislativa y en la relación con la opinión pública.

La evaluación presidencial tampoco entregó buenas noticias para La Moneda. En la cuarta semana de abril, un 41% de los encuestados aprueba la gestión del Presidente José Antonio Kast, lo que representa una baja de 1 punto, mientras que la desaprobación sube 3 puntos y llega a 53%. Con ello, el Mandatario cerró abril con un promedio mensual de 42% de aprobación, registrando una caída de 9 puntos respecto del mes anterior.

El retroceso presidencial se concentra con mayor fuerza en determinados segmentos sociales y electorales. Según la medición, la aprobación del Mandatario cae 11 puntos en los estratos bajos y también entre las personas de 35 a 54 años. Asimismo, baja 12 puntos entre votantes de Franco Parisi, 14 puntos entre quienes apoyaron a Evelyn Matthei y 16 puntos entre quienes no votaron.

Estos datos son políticamente relevantes, porque muestran que la pérdida de respaldo no se limita a los sectores tradicionalmente opositores al Gobierno, sino que también alcanza a grupos electorales que pudieron haber sido decisivos en la instalación de la actual administración. La caída entre votantes de derecha y de centro, así como entre quienes se mantuvieron al margen del proceso electoral, puede transformarse en una señal de alerta para el oficialismo.

Otro punto sensible de la encuesta tiene relación con la percepción sobre el futuro del país. Frente a la frase utilizada habitualmente por el Presidente Kast, un 46% cree que “todo va a estar bien”, mientras que un 50% opina lo contrario. La mirada más pesimista se concentra principalmente entre los jóvenes de 18 a 34 años, donde alcanza un 63%; en los segmentos bajos, con 55%; y entre quienes se identifican con la izquierda, donde llega a 86%.

La distancia entre el discurso presidencial de confianza y la percepción ciudadana revela una tensión de fondo. Aunque una parte importante del país mantiene expectativas positivas, la mayoría expresa dudas respecto del rumbo general, especialmente en los grupos más sensibles a las dificultades económicas, laborales y sociales.

La encuesta también abordó el rol de los embajadores, tema que ha estado presente en el debate público por los criterios de designación y la importancia de la representación internacional del país. De acuerdo con Cadem, un 43% declara saber poco o nada sobre el trabajo que realizan los embajadores, un 36% dice conocer algo y solo un 18% afirma saber mucho.

Entre quienes declaran conocer algo o bastante sobre esa labor, un 64% evalúa bien o muy bien el trabajo de los embajadores. Además, un 59% considera que deberían ser nombrados principalmente por criterios profesionales, mientras que un 35% cree que debiera existir una mezcla entre criterios profesionales y políticos.

Los resultados de la encuesta configuran un cuadro complejo para el Gobierno al cierre de abril. La caída de la aprobación presidencial, el deterioro en la evaluación de varios ministros y la incertidumbre sobre el futuro del país instalan una advertencia política para La Moneda: la ciudadanía comienza a medir con mayor exigencia la capacidad del Ejecutivo para cumplir sus promesas, ordenar sus prioridades y dar señales claras de conducción.

En ese escenario, el desafío para el Presidente Kast y su gabinete será recomponer confianzas, reforzar la gestión pública y evitar que las caídas individuales de sus ministros se transformen en un problema mayor para el conjunto del Gobierno. Abril termina, así, con una señal incómoda para el oficialismo: el respaldo ciudadano sigue existiendo, pero ya no parece tener el mismo margen de paciencia que al inicio de la administración.

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